Todas las fotos por Nicolas Teichrob.
Relato de Ryland Bell.
Lo que hago en Haines, Alaska, es lo mismo que Jeff Clark hizo en Mavericks, California, durante quince años: correr las mejores líneas que existen en el planeta sin nadie alrededor. La verdad es que puedo disfrutar de muchas de estas aristas alucinantes con mis amigos cualquier día despejado del invierno, pero, para ir más profundo en este viaje por glaciares de un mes completo, no necesitaba una zona con un montón de líneas divertidas. Solo debía encontrar esa que fuese especial. Entonces, cuando vi aquella cara, lo supe: “Esta es”.
La línea tenía 1.200 metros, de los cuales 975 estaban por encima de la rimaya; por lejos, la más grande que había visto o recorrido en este tipo de terreno.
Caminar a un objetivo de estas características contribuye mucho al proceso. Obtienes toda esa información que antes no tenías: “¿Hay una costra?, ¿cómo es la textura de la nieve?, ¿cómo se siente bajo los pies? Además, también llegas a comprender diferentes aspectos desde múltiples ángulos: cómo se ve desde abajo, desde los lados, desde arriba. Se van acumulando nuevas experiencias constantemente, por lo que hoy en día sé lo suficiente para entender que no debo hacer tantas conjeturas. Me encuentro con alguna característica del terreno y pienso: “Bien, ya he estado en presencia de algo similar, así que, cuando me acerque más, se verá de esta otra forma".
Era finales de marzo cuando Ryland y sus cinco compañeros montaron un campamento en un glaciar remoto al oeste de Haines, Alaska. El plan era dedicar un mes entero a explorar y esquiar las cumbres de los alrededores. No obstante, tuvieron que pasar la mayor parte del tiempo desenterrando sus carpas, pues una tormenta sepultó el campamento bajo casi ocho metros de nieve recién caída. En esta foto, Ryland inspecciona el túnel de acceso al iglú comunitario, que descendía cuatro metros bajo la superficie cuando se marcharon.
Antes solía ser muy técnico a la hora de analizar rutas; las estudiaba y trataba de conocer cada giro, desde la cima hasta la base. No sé si sea porque he ganado mucha experiencia con este tipo de terreno, pero ahora ya no tengo que pensar tanto. Durante las subidas me fijo en algunos detalles en los que deberé enfocarme para sortea una roca, superar un crux o cualquier otra cosa. Pero, aparte de eso, solo reacciono y sigo adelante.
Hacer esto es una de las cosas más parecidas al surf por lo empinado que es; al llegar a un rango de sesenta grados, la fuerza de la gravedad se parece bastante. La mentalidad es muy similar a la que se tiene a la hora de surfear, de reaccionar a la ola mientras se va descendiendo. Es un estado de fluidez en el que hay que tomar todo tal como se viene, lanzándose y disfrutando al máximo.
Para este tipo de caras, a menudo hay que excavar un lugar desde el que lanzarse; es todo un proceso, de verdad aterrador, pero las condiciones de la nieve eran tan malas que ni siquiera pudimos llegar a la arista. Además, habíamos visto cómo se formaba un manto de nubes y neblina durante toda la mañana que cubrió todo el campamento mientras nos preparábamos. Era lo bastante denso como para impedir que la avioneta pudiese aterrizar y llevarnos a casa. “¡Demonios, no puede ser peor!”, pensé.
Pero ya estábamos allí, así que nos lanzamos. Al final, y sin lugar a duda, fue la mejor línea de mi vida.
Era el día trece y la tormenta aún seguía arreciando. Ryland y sus cinco compañeros tuvieron que racionar la comida, limitando su dieta a mil calorías diarias por persona, a pesar de haber tenido que cavar seis horas al día para mantener despejadas sus carpas. Tendrían que seguir trabajando durante trece días más antes de poder llegar a hacer lo que habían venido a hacer.
Finalmente, el día llegó. Cuatro horas y media de ascenso para un descenso de dos minutos y medio.
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Perfil del Autor
Ryland Bell
Nacido y criado en Alaska, Ryland Bell es un esquiador grandes líneas de montaña que pasa sus inviernos en los terrenos empinados y técnicos que rodean su hogar en Haines y sus veranos pescando salmones en la costa.