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La motivación del dinero

Gerry Lopez / 6 min de lectura /

Gerry Lopez recuerda haber surfeado Waimea Bay, en Oahu, por el premio más gordo jamás ofrecido (hasta ese momento) por allá en 1974.

Nota del editor: Este es un extracto de las memorias de Gerry Lopez, Surf Is Where You Find It. Publicado originalmente en 2008, fue relanzado y rediseñado recientemente incluyendo nuevas fotos. En coordinación con el estreno de un nuevo documental, The Yin & Yang of Gerry Lopez (El yin y el yang de Gerry Lopez), producido por el legendario surfista y skater Stacy Peralta, la reedición ofrece 41 historias y más de 170 fotografías, además de los prólogos de Rob Machado y el fundador de The Surfer’s Journal, Steve Pezman.

Todas las fotos por Steve Wilkings, leyendas cortesía de Gerry Lopez

Bud Browne nadaba hacia el límite de la zona de impacto filmando desde el agua. Él y yo éramos buenos amigos. Me vio, sonrió y dijo, “Buena ola”.

A Bud le decíamos la “Barracuda” porque se movía como una en el agua. Tenía sesenta años, pero no me preocupaba en absolute que estuviera entre esas olas gigantes. Más tarde ese mismo día se vería atrapado por un set super grande, lo que le costaría el mayor aporreo de su vida. Después de eso comentó, con ese inexpresivo tono que lo caracterizaba, “me estoy poniendo muy viejo para esto”. Esa sería la última vez que filmó desde el agua en la bahía.

Volví al lineup y le pregunté a Reno [Abellira] cómo había estado su ola.

“Buena”, dijo. “Pero necesitamos tomar unas más grandes”.

Vaya, pensé, supongo que eso es lo que uno tiene que hacer para ganar. Entraron unos sets más. Eran casi del mismo tamaño que los anteriores y ambos conseguimos correr un par de olas más. Finalmente se acercó lo que parecía un set más grande y los dos nos preparamos para él. Esta vez yo fui por la primera, pero era mucho más grande que mi primera ola y se elevó tan rápido que apenas tuve tiempo de pisar el freno y retroceder. Me las arreglé para evitar que me tragara, pero cuando me di la vuelta y vi la siguiente ola casi me da un infarto.

Frente a mí estaba la ola más grande que había visto en mi vida y no estaba en un buen lugar para esquivarla. Reno estaba remando fuerte para atraparla y yo estaba remando aún más fuerte para evitarla. Él remaba hacia abajo mientras yo remaba hacia arriba. Cuando nos cruzamos nos miramos directamente a los ojos. Reno se puso de pie y pude ver el grueso labio justo detrás de él. Yo estaba bastante arriba en la cara, pero de ninguna manera iba a remar a través de la parte superior de la ola, ya estaba empujando hacia afuera. Me bajé de mi tabla y la clavé tan fuerte como pude hacia arriba a través del labio.

Era una ola enorme, pero la desesperación debió jugar a mi favor. Vi mi tabla penetrar la parte superior de la ola justo antes de sumergirme y nadar hasta el otro lado. Nunca estuve tan feliz de ver mi gun rojo esperándome. Solo hubo estas dos olas en el set, así que tuve tiempo de calmar mi agitado corazón y recuperar el aliento.

Reno remó hacia atrás y traía una mirada realmente intensa en sus ojos. Supe sin necesidad de preguntar que era el resultado de la enorme ola que acababa de correr. Los sets grandes eran de uno y medio a dos metros más grandes que las olas regulares de cinco y medio a seis metros. El siguiente set que avistamos parecía aún más grande que eso. Con Reno vimos cómo todos los habituales del lugar, que estaban un poco más afuera y más profundo que nosotros, se alejaban a medida que se acercaba el set. Nos miramos y, sin decir una palabra, nos acostamos y comenzamos a remar con fuerza hacia el exterior.

Reno Abellira en el drop de una ola ganadora mientras yo clavo la tabla y rezo para que llegue al otro lado.

Cuando remamos por encima de las olas de enfrente, vimos que se trataba de un set de verdad enorme. La primera ola se levantó por fuera de nosotros y era al menos tres metros más grande que las más grandes que habíamos visto hasta ahora. Nadie quería estas olas y como todos las habíamos visto venir, empezamos a remar hacia afuera temprano y nadie quedó atrapado. Pero la sensación de remar sobre una ola tan grande me dejó una sensación en la boca del estómago que nunca antes había sentido. Supongo que tenía que ver con la idea de lo que una de estas olas podría hacerme si me quedaba atrapado en su interior. Todos, incluidos los habituales de Waimea, simplemente se apartaron del camino de ese set y dejaron que las olas pasaran sin ser desafiadas.

Eran las olas más grandes que Reno y yo habíamos visto de cerca. Aún hoy recuerdo la mirada que tenía en sus ojos. Me di cuenta de que él realmente quería correr una de esas olas. Comprendí que eso era lo que teníamos que hacer si queríamos ganar este campeonato, pero me preguntaba si tenía lo necesario como para lanzarme a algo tan grande.

Tuvimos unos momentos para pensar en ello, pero ya pronto podíamos ver el siguiente set aproximándose y parecía ser gigante también. Ambos respiramos profundamente y nos preparamos para él. Era grande, no tan grande como el que acabábamos de remar, pero mucho más grande que las olas que habíamos tomado hasta ahora. La primera fue perfecta y vi que Reno quería hacer un movimiento. Remé por encima para ver qué había detrás mientras él braceaba con fuerza para atrapar la ola y se iba.

La siguiente era considerablemente más grande que cualquier cosa que hubiera corrido, pero estaba en posición, la ola estaba limpia y no lo pensé dos veces. Me volví y remé tan fuerte como pude. Sentí que la ola se levantaba, la tenía, llegué temprano y me puse de pie de un salto. Me agaché sintiendo que la tabla empezaba a caer. Estaba entusiasmado, todo se veía y se sentía bien cuando comencé el descenso.

Lo siguiente que supe fue que la ola se desfondó y caí libremente al vacío. “¡Mierda!” Ese agradable sentimiento de hace un momento ya no existía y sabía que estaba en un gran problema. Caí aproximadamente un tercio del recorrido de la ola aún de pie sobre mi tabla, por lo menos 3 o 3 metros y medio. Lo primero que volvió a tocar la ola fue la punta de la tabla. Se enterró y me dio vuelta por sobre la cabeza. Eso resultó ser bueno porque tenía suficiente impulso acumulado y logré penetrar en la cara de la ola en lugar de saltar y terminar en la fosa.

El campeonato de Smirnoff de 1974, en Waimea Bay, ofreció el premio en dinero más gordo jamás visto en el surf profesional hasta ese momento. Probablemente no estaba pensando en el dinero cuando despegué, pero estoy seguro de que esperaba que la caída no fuera tan mala como puede parecer en esta foto.

No podía creer la suerte que tuve de sumergirme a través de la ola y salir por atrás. Lo que parecía la peor caída de mi carrera terminó en nada. Estaba detrás de la ola, sano y salvo. Tomé unas bocanadas de aire antes de nadar en busca de mi tabla. El siguiente heat ya estaba remando por el canal. Cuando pasé a su lado todos me miraron y me preguntaron cómo había sobrevivido azotado por esa ola. Me reí y les dije que no había sido la gran cosa. Ellos hacían ademanes con la cabeza y seguían remando, tratando de prepararse en caso de que les sucediera lo mismo.

Cuando llegué a la playa, Grubby Clark me estaba esperando con mi tabla de surf.

“¿Para qué hiciste eso?”, preguntó.

Todos a mi alrededor habían visto cómo me zamarreaba en una de las olas más grandes y asumieron que la caída había sido horrible. No les dije la suerte que tuve de zambullirme a través de la ola.

Grubby se dio la vuelta y anunció: “Fue la motivación del dinero. La motivación del dinero lo llevó a hacerlo. Nada más podría haberlo hecho intentar atrapar esa ola”.

No pasé el heat, pero en realidad fue un alivio. Reno llegó a la final, continuó con su gran desempeño y ganó el evento.

Después salimos de la playa y fuimos a comer una gran cena de Acción de Gracias. Mientras tanto, Grubby le decía a cualquiera que quisiera escuchar: “La motivación del dinero lo llevó a hacerlo”.

Perfil de autor

Gerry Lopez

Hay pocas imágenes tan icónicas como la de Gerry Lopez surfeando con tranquilidad un día perfecto con olas de dos metros y medio en Pipeline. Tras redefinir el arte de correr tubos en la costa norte de Oahu, su atención se centró en Indonesia, donde fue pionero en lugares legendarios como Uluwatu y G-Land. Hoy en día, asentado en Oregón, surfea, escribe, diseña tablas y disfruta los días de powder cerca de su casa en Bend.