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En solidaridad con el futuro

Nina Riggio y Rebecca Solnit / 9 min de lectura / Activismo

Incluso si las demandas de una manifestación no se logran, la movilización puede tener repercusiones duraderas e inmensurables.

Todas las fotos por Nina Riggio

Hace muy poco tiempo, los residentes de Lützerath fueron obligados a dejar sus casas para que el pueblo fuera destruido. Anteriormente, otros pueblos habían sido arrebatados, de manera tan violenta, que la misma tierra donde se erguían fue socavada, a tal punto, que no quedó rastro de plantaciones, campos, árboles, caminos, hogares o establos. Ningún recuerdo de la vida llevada por siglos quedó en pie. Los caminos fueron rediseñados para que el vacío siguiera creciendo. Se cavaron cementerios y sus muertos fueron reubicados. En 2018, en un sitio dedicado a la veneración durante miles de años, una iglesia erigida en honor a san Lambertus fue aplastada para abrir el camino de la hambrienta devoración de paisajes.

Activistas conectados a cada plataforma mediante cuerdas, no solo por estabilidad, sino también para frenar a la policía. Si se cortaba uno o más de los postes, el resto se venía abajo con ellos. Lo que provocaría lesiones y demandas.

Para evitar que la policía les tomara las huellas digitales, los activistas en Lützerath se pincharon los dedos con alfileres, sellaron las heridas con pegamento extra firme y luego agregaron glitter como brillante ingrediente final. A diferencia de California, donde la fiscalía debe presentar cargos dentro de las primeras 48 horas posteriores al arresto, las autoridades alemanas pueden mantener en prisión a los activistas durante una semana —lo que se conoce como “siete días en Giza”—antes de presentar cargos. El glitter debe permanecer en su lugar.

Existen videos recientes de unos 30.000 ambientalistas en Lützerath que, en enero, se tendieron en el suelo frente a las máquinas que cavaban un socavón de varios kilómetros de ancho. Escaladores e intérpretes de música clásica llegaron al lugar, junto a figuras públicas, como Greta Thunberg, en tanto que otros participantes de larga data preferían el anonimato, así que usaron creativos pseudónimos. Cerca de mil personas ocuparon el pueblo durante años y construyeron sus propias estructuras para habitar y bloquear. Cientos de científicos alzaron la voz desde la distancia para indicar que esta mina era totalmente innecesaria para la “seguridad energética”.

En las conversaciones sobre ambientalismo a menudo hablamos sobre redes y, en este caso, las redes eran literales. El tipo de trípodes y cables que se usaron en los asentamientos en árboles y otros tipos de plataformas se transformó en una telaraña compleja, de un entrelazado que permitía a los participantes viajes tridimensionales a través del espacio, además de algunas tácticas de bloqueo bastante creativas y, así, moverse y residir fuera del alcance de la policía. Esto no es lo que Michelle Obama estaba pensando cuando dijo su famosa frase, “cuando ellos caen bajo, nosotros vamos alto”, pero los escaladores eran parte fundamental de la protesta y se trepaban en trípodes, entre cables, arriba de los postes y hacia plataformas sujetas por cuerdas y casas en los árboles. Además, también participaban en distintos tipos de bloqueos.

A mediados de enero de 2023, los ambientalistas que trepan y se sientan en árboles (“the tree-sit climate activists” ) estaban muy acompañados. Se estima que unas 30.000 personas se alinearon a lo largo del borde de la mina para oponerse a su expansión, como recordatorio de que una fuente de energía más limpia se levantaba detrás.

Entre las muchas fotografías tomadas, hay una que muestra a los manifestantes parados al borde del enorme agujero cavado por las máquinas, un espacio que se mantendría como lago artificial quién sabe por cuánto tiempo. Una enorme máquina excavadora está situada frente a estas personas, con una rueda dentada como una sierra para destrozar la tierra. Si existe fe en que el futuro llegará, es difícil no imaginar que alguien, en mucho tiempo más, va a mirar este lago artificial y se preguntará sobre ese breve instante en que abrir la tierra significó una ganancia para alguien.

Esta es una forma de describir la larga expansión de una pantagruélica mina de carbón en Alemania, al oeste de Dusseldorf, que ha consumido terrenos de sembradío y comunidades rurales durante cuatro décadas. Ahora cubre, o más bien ha dejado al desnudo, casi 20 kilómetros cuadrados (alrededor de 12 millas). Las protestas se oponen a la destrucción de la tierra, de las comunidades; como también a la extracción de carbón, cuya ignición contribuirá al cambio climático y socavará el compromiso de Alemania respecto de la reducción del uso de combustibles fósiles para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París.

Activistas trepan a lo más alto en preparación para un día de arrestos. En Alemania, de acuerdo a la ley, si estás unos metros por sobre el suelo, la policía debe sacar de a una persona a la vez, usando un cosechador de cerezas.

Es carbón café: carbón lignito, la versión más pobre y sucia del combustible fósil más sucio, la cosa más mala que nadie debería quemar, especialmente un país rico como Alemania, que tiene los recursos para apurar la transición hacia el uso de combustibles renovables. En un artículo científico, esta mina se describió como uno de los 425 proyectos de combustible fósil en el mundo con más de un gigatón de potenciales emisiones de carbono, es decir, las bombas de carbón del mundo. El agujero en la tierra es un problema. Lo que se extrae y quema es otro aún mayor, es una bomba.

El nombre de esta mina es Garzweiler, en “honor” a uno de los pueblos devorados. Los ambientalistas han ocupado los árboles, casas abandonadas, campos y estructuras que ellos mismos construyeron alrededor de Lützerath desde 2020 para, así, intentar detener la expansión de la mina. El rajo es tan grande ya que se puede ver en Google maps.

La vista desde la casa en un árbol, donde se quedó la fotógrafa Nina Riggio, junto a Kante —que se aprecia en primer plano— un participante del equipo de prensa de los manifestantes. Mientras la policía avanzaba, Kante se aseguraba de que los periodistas supieran por qué los activistas habían puesto sus cuerpos en la línea de resistencia.

Sin teléfonos celulares, los ambientalistas de casas en el árbol, como el mismo Kante (en la imagen), se movían por cuerdas para visitarse y abastecerse. Prontamente, supieron qué casa en el árbol tenía la mejor comida, el mejor baño o uno de los pocos intercomunicadores (walkie-talkies) para compartir. Para permanecer en el anonimato, no se permitían los teléfonos móviles.

Al igual que muchas otras protestas en la memoria reciente, las apasionadas manifestaciones en Lützerath no lograron su fin inmediato. Sería fácil y obvio decir entonces que fallaron, que no lograron nada. Pero esos juicios tan condensados provienen de las expectativas, demandas o deseos de resultados directos o inmediatos. Sin embargo, en esa suposición encontramos muchos tipos de problemas, un error de perspectiva que es, diría yo, la mera raíz del problema.

Un activista tratando de salvar una plataforma al moverse hacia el centro de las cuerdas. El personal de seguridad, impaciente, no esperó que llegara el recolector de cerezas e intentó subir varias veces y agarrar a la persona, lo que resultó en una comedia inesperada.

Un activista tratando de salvar una plataforma al moverse hacia el centro de las cuerdas. El personal de seguridad, impaciente, no esperó que llegara el recolector de cerezas e intentó subir varias veces y agarrar a la persona, lo que resultó en una comedia inesperada.

Los ambientalistas están preparados para mirar directo a las cámaras de la prensa y gritar, si es que son maltratados por la policía durante los arrestos.

Muchísimas protestas comienzan con una demanda muy específica. Muchísimas veces, estas demandas no se logran inmediatamente, o nunca. No obstante, estas protestas tienen otro tipo de impacto significativo. Algunos de ellos pueden medirse, si se tiene la disposición para buscar las consecuencias indirectas y muy posteriores. Otros, por su naturaleza, son inmensurables.

Muchos años atrás, un pequeño grupo de una de las primeras organizaciones que protestaron por la guerra de Vietnam, Women Strike for Peace (Mujeres en Protesta por la Guerra), protestó muy adecuadamente frente a la Casa Blanca. Una de las participantes recuerda lo inútil que se sintió, hasta que años después, cuando el Dr. Benjamin Spock —el famoso defensor de los cuidados infantiles— se convirtió en una poderosa voz en contra de la guerra. Él dijo que lo que lo llevó a actuar fue ver, años atrás, a un pequeño grupo de mujeres paradas bajo la lluvia en la Avenida Pensilvania. Nunca se sabe el verdadero alcance de nuestras acciones y se debe actuar en la ausencia de ese conocimiento. Pero se puede tener seguridad de que las emociones se contagian y que demostrar tus ideales y creencias puede sembrar esperanza y valentía en otros.

Para pasar largas horas en el barro y el frío, una guitarra nunca está de más. Como la policía y el cuerpo de seguridad RWE destruyeron las pertenencias de los manifestantes, algunos periodistas empáticos e incluso gente de la administración estatal rescataron a escondidas instrumentos musicales y otros artículos de valor el día del desalojo.

Actuar con principios es como sembrar una semilla. Si plantas una semilla de un árbol, pueden pasar décadas antes de que dé frutos. Un árbol grande como la secuoya puede tardar siglos en llegar a su tamaño adulto. Todavía nos beneficiamos de los alcances directos e indirectos de tantas personas que se dedicaron a sembrar mucho tiempo atrás; desde la desobediencia civil y el abolicionismo de Henry David Thoreau hasta el Movimiento Kenyan Green Belt, liderado por la ganadora del Premio Nobel de la Paz, Wangari Maathai. Ellos plantaron; nosotros cosechamos los frutos de su visión y compromiso.

Por supuesto que el activismo puede lograr victorias inmediatas, aunque no siempre sean las metas que se había propuesto. El ejemplo más potente que he visto en la historia reciente fue en 2016, en Standing Rock, Dakota del Sur. Algunas mujeres Lakota, y luego más personas Lakota y, después, cientos de personas de pueblos originarios y también personas no nativas, se unieron para impedir un viaducto que facilitaría el transporte de crudo y contribuiría al cambio climático. Con esto, además, el viaducto violaría los derechos de las personas en la Reserva Indígena Standing Rock y, al estar diseñado para pasar río arriba por sobre el flujo de agua, pondría en riesgo la salud del río.

El viaducto se construyó. Si solo mides los resultados directos, el movimiento falló. Pero también sembró esperanza, un sentido de responsabilidad y poder en la juventud de la tribu Sioux de Standing Rock y entre la juventud de muchas otras comunidades indígenas. Educó a muchas personas no indígenas sobre la historia de los pueblos originarios, sobre sus derechos y las violaciones a estos y sobre los viaductos y su papel en la industria de los combustibles fósiles. Creó muchas alianzas interculturales y amistades. Inspiró a Alexandria Ocasio-Cortez —en ese entonces una joven mujer desconocida que había conducido desde Nueva York en compañía de unos amigos— a postularse para el Congreso, para ganar esa campaña y convertirse en una poderosa voz en defensa del medioambiente.

Solo medir los impactos directos es algo sobre lo que pienso a menudo en relación al activismo. Las historias en este artículo son historias que he contado antes para demostrar que mucho de lo que es esencial puede no ser inmediato o directo. Contemplar el reciente conflicto en Lützerath, me recordó que no podemos medir las manifestaciones solo en términos de resultados directos. Deberíamos hacer lo mismo respecto del motivo por el que se levantan las manifestaciones. Si buscas los logros indirectos, mucha de la explotación de la naturaleza se logra ver como obscena y generadora de pérdidas y no ganancias. Esto es cierto para los viaductos, las minas de carbón, el carbón mismo que seguimos quemando de forma tan imprudente, incluso, luego de saber lo que significa para el clima.

Un activista se posa sobre las cuerdas para evitar que echen abajo los árboles.

La policía corta una cuerda.

Existe un término para lo que las compañías obtienen, o más bien para aquellos que hacen y administran las leyes: costos externalizados. En otras palabras, convertimos las actividades que llevan adelante en rentables al entregarles la ganancia a ellos y sus accionistas y repartir los costos entre el resto. Generalmente, son costos para las poblaciones locales, el medio ambiente, el clima y la Tierra. Ya sea con extracción y quema de combustibles fósiles, pesca industrial o explotación laboral, destrucción del suelo y contaminación de las aguas en beneficio de la agricultura industrial.

Generalmente, las ganancias son a corto plazo y las pérdidas a largo plazo, entonces, la escala temporal es otro factor fundamental a la hora de estimar el valor. Otra palabra para costos externalizados es egoísmo: esto es bueno para mí, lástima que sea malo para ti, para ti, para ti y para todos los que están por venir. Y así como el periódico The Guardian informó hace ya varios años que, “el costo de la contaminación y otros daños al medioambiente causados por las compañías más grandes del mundo podría arrebatarles más de un tercio de las ganancias obtenidas, si dichas empresas fueran financieramente responsables”.

Si se mide el impacto directo que tiene la quema de carbón de baja ley en el cambio climático, lo que se ha obtenido no son ganancias y seguridad, sino pérdidas y ruinas. Si se piensa en la pérdida de tierras agrícolas cultivadas durante siglos y, si se proyecta este sitio hacia el futuro en comparación con su pasado, se puede ver que la ganancia a corto plazo de un poco de combustible de baja ley, a costa de la pérdida de ese terreno que podría haber sido cultivado durante milenios, es una mala decisión económica.

Redes de seguridad permitían que un mayor número de activistas se unieran a la red de casas en los árboles y plataformas.

Entonces, los manifestantes que se oponen a la minería del carbón están demandando algo bien específico y claro. Sin embargo, se sustentan en principios y esos principios consideran los beneficios indirectos, los costos externalizados y la salud a largo plazo. Están mirando el panorama completo, no solo una fracción. Es un principio de conectividad, indivisibilidad, solidaridad con la vida, con el futuro lejano, con un compromiso con los derechos de las personas en el hemisferio sur, para que no sigan viviendo las consecuencias del cambio climático generado principalmente en el hemisferio norte.

El turno nocturno.

Activistas ambientales se manifiestan por la expansión de la mina de carbón lignito en Lützerath, Alemania, el martes 10 de enero de 2023.

Estos manifestantes —las personas que ponen sus cuerpos en la primera línea, la gente que los apoya en Alemania y en el mundo— son parte de un movimiento global. Es un movimiento para valorar la Tierra y la vida por sobre las ganancias privadas, para valorar el tiempo —en una dimensión profunda— por sobre las utilidades trimestrales; y es un movimiento que está creciendo en fuerza, diversidad, sofisticación e impacto. Observarles refuerza mi propio compromiso y clarifica mi propio razonamiento. Creo que estoy lejos de estar sola. Lo que sucedió a principios de año en Lützerath, plantó semillas. Cuidémoslas, reguémoslas y plantemos más. Un jardín de posibilidades podría florecer del valiente trabajo de los activistas ambientales.

El 11 de enero, una “unidad especial de escalada” de la policía desalojó a muchos de los activistas en las alturas.

Perfil de la Autora

Nina Riggio

Nina es una periodista visual, fotógrafa y artista estadounidense. Actualmente, vive en Viena, Austria.

Perfil de la Autora

Rebecca Solnit

Escritora, historiadora y activista. Es autora de más de 20 libros, entre los que podemos encontrar Las rosas de Orwell, Recuerdos de mi inexistencia, Los hombres me explican cosas, y Esperanza en la oscuridad. Acaba de lanzar el proyecto ambientalista y el libro Aún no es demasiado tarde.