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¡Afarin! ¡Buen trabajo!

Lauren DeLaunay Miller / 15 min de lectura / Climbig

Para estas mujeres afganas, escalar en Yosemite es conectar con su tierra natal.

Todas las fotos cortesía de Miya Tsudome

Ya es tarde y voy sendero arriba en Glacier Canyon de camino al Dana Plateau, justo por fuera de la frontera este del Parque Nacional Yosemite. El vivaz arroyo que marca el camino está lleno de pequeños saltos de agua y es tan ruidoso que necesito inclinarme hacia Sughra para escuchar lo que dice. Me cuenta que el 15 de agosto de 2021 comenzó como un día normal. Se despertó y se fue a su trabajo en Kabul, Afganistán. “Entonces”, recuerda, “todos empezaron a recibir llamadas de sus familias contándoles que los talibanes se habían tomado la ciudad”.

Los talibanes habían estado ganando pequeños territorios en el país desde mayo, lo que coincidía con la retirada de las tropas estadounidenses. Los talibanes se tomaron varias capitales provinciales, y para el 13 de agosto habían capturado Herāt, Kandahar y Lashkar Gah. El 14 de agosto, otras siete ciudades provinciales fueron ocupadas. Sughra dice que, aunque las cosas estaban cada vez peor en las áreas rurales, Kabul seguía funcionando bastante normal hasta que el presidente, Ashraf Ghani, huyó del país y, el 15 de agosto, un grupo militar talibán ingresó a Kabul. Al día siguiente, un vocero anunció que la guerra había terminado. Los talibanes habían ganado.

Las mujeres adoptan la postura de El Cap Meadow: cuellos estirados hacia atrás, los ojos fijos en el resplandor del granito dorado y los corazones anhelando la experiencia que se aproxima.

Aunque Sughra Yazdani pasó gran parte de su infancia como refugiada en Pakistán, junto a su familia, había regresado a Afganistán en 2018. Siempre había sido una apasionada de los deportes y la escalada captó su atención tan pronto como una amiga le contó sobre una organización llamada Ascend, que le enseñaba a chicas como ella a escalar y hacer senderismo. Sughra había llevado una vida relativamente independiente para una mujer afgana, pero escalar montañas se alejaba demasiado del territorio de lo permitido para las chicas como ellas. “Era algo en contra de las expectativas de mi familia”, me cuenta. Al principio, Sughra trató de que su padre no se enterara y hacía que su hermana le firmara los permisos, pero después de su segundo viaje a la montaña, ya no lo pudo seguir ocultando. Al final, su padre lo aceptó y hoy en día está orgulloso de todo lo que ha logrado gracias a la escalada. “Cada vez que escalo, me siento más fuerte”, dice Sughra, “siento que si puedo escalar esta gran montaña, entonces puedo luchar contra cualquier cosa”.

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Cuando Marina LeGree fundó Ascend en 2014, no era escaladora. Luego de terminar su maestría en relaciones internacionales y resolución de conflictos y tras pasar diez años en Afganistán trabajando en proyectos de estabilidad con diferentes ONG, la OTAN y el ejército, regresó a Estados Unidos para graduarse con el sueño de empoderar a una nueva generación de mujeres afganas y que se convirtieran en liderezas. Mientras reflexionaba sobre su experiencia haciendo senderismo en las montañas de Afganistán, se dio cuenta de que escalar era, obviamente, el siguiente paso. Me cuenta que escalar es “una demostración de fuerza y determinación”. “Si vas a ser una chica afgana que desafía los límites, entonces es mejor que trabajes en tu rudeza”. Dos años después obtuvo su maestría en administración pública en Harvard Kennedy School y regresó a Afganistán. Para abril de 2021 ya se estaba desarrollando un nuevo centro deportivo para Ascend y decenas de jóvenes mujeres se inscribían cada año. Desde la fundación de Ascend, más de 200 mujeres han participado en sus programas. Muy pronto, sin embargo, Ascend vería derrumbarse sus logros.

Mina y Haniya celebran mientras escalan el Guide Cracks en Daff Dome. Tuolumne Meadows, California.

Para el verano de 2021, el momento de poner a prueba su rudeza había llegado para Sughra. Si el nuevo régimen Talibán se parecía en algo al anterior, sabía que no se le permitiría hacer nada de lo que amaba. Ella y todas las mujeres perderían libertades bajo el mandato Talibán. Quería escalar, andar en bicicleta, estudiar y trabajar. A fin de mes, supo que no podía quedarse. En pánico, Sughra buscó a Marina y le contó todo: ella y su familia se habían estado escondiendo en sus hogares por más de una semana. Tenían miedo de salir y, definitivamente, querían irse.

Hoy día, durante un viaje de cuatro días a Yosemite y aunque estamos a un mundo de distancia de las altas cumbres que rodean Kabul, Sughra encuentra consuelo en la montaña. Los profundos valles, los picos rocosos y la nieve remanente de la Alta Sierra le recuerdan su tierra.

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El ascenso al poder de los talibanes sorprendió a Ascend: “sabíamos que tendríamos que hacer algunos cambios si los talibanes tenían un rol importante en el gobierno”, me comenta Marina, “pero lo que no esperábamos es que se tomaran por completo el poder y que además fuera tan repentinamente”. Marina temía que la expresión de independencia de las mujeres a través de la escalada las convirtiera en blancos de violencia. No solo podían ser asesinadas, sino que, si sobrevivían, las podían vender para matrimonio y así terminar con sus sueños académicos y deportivos.

La única forma en que Sughra y otras integrantes de Ascend pudieran dejar el país era con la ayuda de una organización extranjera, como Ascend. Por lo tanto, Marina y su pequeño equipo trabajaron contra el tiempo para generar un plan. Para esta pequeña organización, el repentino cambio entre planear viajes de escalada y programas deportivos a los complicados procesos de migración, fue confuso. “No es lo que hacemos, ni lo que queremos hacer”, explica Marina, “pero tuvimos que tomar una decisión rápidamente cuando vimos lo terrible que podría ser esta toma del poder. La reacción de nuestras chicas fue lo que me hizo decidirme”. Marina hacía todo lo posible para que Ascend fuera aprobada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos y así poder comunicarles el siguiente paso a las mujeres. Con la esperanza de movilizar a la comunidad escaladora el equipo se contactó con la revista Alpinist, la que había publicado en agosto un artículo online sobre los peligros que enfrentaban las mujeres.

Incluso con la ayuda de Marina y su equipo, no había garantías de que Sughra o cualquiera de las otras mujeres que participaban en Ascend pudieran dejar el país. Marina sabía que tendrían más posibilidades de escapar si viajaban solas. “Salir de Kabul o de Afganistán era tan difícil”, dice Sughra, “porque el aeropuerto de Kabul estaba en manos de los talibanes y no dejaban que nadie entrara”. Luego de un peligroso viaje en bus hasta Mazār-i-Sharif, sin saber si serían detenidas por talibanes al notar que viajaban sin familiares hombres, Sughra y algunas de sus compañeras de de Ascend pasaron un mes tratando de entrar al aeropuerto. A veces, se preguntaba si se rendiría y regresaría. Pero entonces comenzaron los vuelos y finalmente pudo ingresar a una base aérea estadounidense en Qatar, donde miles de refugiados afganos esperaban ser reubicados. Ascend ayudó a evacuar a 134 personas que participaban en sus actividades, miembros del equipo y algunos familiares, hacia donde fuera que encontraran programas de migración amigables: Chile, Irlanda, Dinamarca, Alemania, Polonia, Kazajstán, Canadá y Estados Unidos. Después de esperar un mes en Qatar, Sughra aterrizó en Estados Unidos en octubre de 2021, aunque la relocalización de las participantes de Ascend no terminó hasta septiembre de 2022.

Merryn Venugopal asegura y Michelle Pellette ayuda a las mujeres en las Guide Cracks.

Para diciembre, cinco de las treinta miembros de Ascend que llegaron a Estados Unidos, incluída Sughra, llegaron al área de Raleigh/Durham en Carolina del Norte, donde un grupo de escaladores y escaladoras realmente comprometidos con la misión de Ascend crearon un círculo de patrocinadores. Los círculos de patrocinadores fueron parte de un nuevo programa gubernamental que les permitía a los afganos ser reubicados con pequeños grupos de personas en vez de usar agencias de reubicación oficiales. Desde entonces, los voluntarios de Ascend como Anne McLaughlin y su esposo, Tom Drewes, han apoyado a las mujeres de todas las maneras posibles: las han ayudado a postular a universidades, a buscar trabajo, completar formularios de seguros de salud y también asegurándose de que puedan ir a la montaña o a centros de escalada tanto como puedan. Anne incluso coordinó con su gimnasio local que les dieran membresías gratuitas a las escaladoras afganas y también ofertas de trabajo.

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Alrededor de cuando Sughra le pedía ayuda a Marina y meses antes de que las mujeres llegaran a Estados Unidos, el artículo publicado en Alpinist sobre Ascend captó la atención Jack Cramer y Michelle Pellette, dos miembros del equipo de Búsqueda y Rescate de Yosemite (Yosemite Search and Rescue – YOSAR). Habían visto devastadoras imágenes de personas afganas tratando de subir a un avión estadounidense y se imaginaron que algunas de las mujeres de Ascend podrían también estar tratando de llegar a Estados Unidos. Como escaladores, quizás no había mucho que pudieran hacer para ayudar… pero estas mujeres eran escaladoras también. Michelle recuerda que Jack dijo, “¡podrías invitarlas a escalar contigo!”. “Era tan simple como eso”, comenta Michelle. Entonces le comentó la idea de recibir a las mujeres de Ascend en la comunidad escaladora a Merryn Venugopal, otra participante de YOSAR ¿Y qué mejor lugar para hacerlo que en Yosemite?

La idea de Michelle y Merryn podría ser simple, pero los siguientes diez meses de planificación no lo fueron. Afortunadamente, ellas no se asustan con cosas complejas y difíciles. Su disposición y entusiasmo para aventurarse en lugares complicados para ayudar a otros es lo que las atrajo inicialmente al YOSAR.

Un domingo de julio de 2022, ocho jóvenes escaladoras afganas tomaron diferentes aviones con rumbo a California. Sughra, Haniya, Batool, Rabia, Mina, Raihana, el hermano menor de Raihana, Mansoor, y una persona que no puede ser nombrada para mantener la seguridad de su familia, llegaron al Parque Nacional Yosemite terminando esa tarde, exhaustas por el viaje, pero entusiasmadas por las sobrecogedoras paredes del valle. El humo de los incendios que había amenazado la posibilidad de este viaje durante semanas milagrosamente desapareció, permitiendo una vista espectacular del valle desde el túnel de Wawona. Algunas amigas de Michelle y Merryn se unieron para ayudar. Había guías, guardaparques de escalada y otras participantes de YOSAR. Yo también me uní en cuanto exmiembro de YOSAR y amiga de larga data. La planificación de este viaje las había consumido por meses y todas estábamos felices y ansiosas por los próximos días.

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Haniya regletea en el campus del área del YOSAR en Camp 4.

Son solo las nueve de la mañana y los muros de granito del valle ya irradian calor durante el primer día de este viaje que durará una semana. El aire es dulce gracias al olor de las hojas de roble y las risas nerviosas que se escuchan por todos lados. Estamos precalentando en Swan Slab, una zona de escalada popular al borde del camino. Las escaladoras que conforman el grupo de apoyo instalan cuerdas para que todas puedan practicar las habilidades necesarias en Yosemite, desde conseguir un empotre de mano perfecto hasta lograr que la goma de las zapatillas se adhiera a la roca, lisa y caliente. Todas tienen diferentes niveles de habilidades y para algunas es la primera vez que vuelven a estar en contacto con una pared de verdad desde que llegaron a Estados Unidos.

Este viaje está lleno de risas y, casi siempre, Haniya Tavasoli está en el centro de esa dinámica, contando chistes y animando al grupo a cantar y bailar. No quiere que nadie se deprima por hablar de las dificultades del último año y solo saber que las demás entienden lo que ha vivido la reconforta. Haniya es una de las pocas escaladoras de Ascend que pudo escapar de Afganistán con su familia. Fueron reubicados en Minnesota, lejos del resto de las mujeres. Está muy entusiasmada por comenzar a estudiar en Minneapolis durante el otoño, pero no tiene oportunidades de hablar su lengua materna muy a menudo y además extraña a sus amigas.

La mayoría de las mujeres en este viaje son hazara, una minoría étnica y religiosa de Afganistán que cada vez se ve más amenazada por el gobierno Talibán (después del viaje, en septiembre de 2022, el centro educativo donde algunas de las mujeres de Ascend estudiaban fue bombardeado). Ellas hablan darí, el idioma persa hablado por la mayoría de los afganos, pero los talibanes solo hablan en pastún en las comunicaciones oficiales. La última vez que estuvieron en el poder, entre 1996 y 2001, los talibanes obligaron a los hablantes de darí a que usaran el pastún, lo que hizo que muchos afganos supusieran que su idioma se prohibiría una vez más. Al ver a las mujeres hablar y cantar en darí, me doy cuenta de lo que verdaderamente Michelle y Merryn han creado: por mucho que este viaje sea una oportunidad de conocer a escaladoras estadounidenses, para las mujeres afganas lo más importante es reunirse, una oportunidad para hablar en su idioma y reconectar con amigas que no habían visto en un año, desde que sus vidas sufrieron un cambio radical.

La hermana mayor, Batool Behnam (izquierda), sigue los pasos de su hermana menor, Rabia Hussain (derecha); aquí, absorben la majestuosidad de Yosemite mientras descansan en El Cap Meadow.

“Afarin! ¡Buen trabajo!” Se animan mutua y constantemente, llenando la zona de escalada de cantos entre una ruta y otra.

Al comienzo de la tarde ya todas han tenido suficiente con el calor. Las vetas oscuras en el granito están tan calientes que es difícil escalar. Para Michelle y Merryn, vivir en el valle Yosemite durante julio significa nadar y descansar en el río Merced. Las mujeres afganas tienen poca experiencia en el agua, pero son felices chapoteando en las piscinas bajo las cascadas Yosemite.

Eventualmente nos retiramos de vuelta a la comodidad del campamento, bajo la sombra de altos pinos. Michelle saca su guitarra y, de la nada, las mujeres forman una banda. Raihana toma la guitarra y comienza a rasguear; Haniya conduce. Incluso los cuervos se acercan a escuchar a las mujeres cantar canciones folclóricas y populares de su país. Este guitarreo de campamento se siente familiar, solo el darí nos recuerda que estamos a miles de kilómetros de su hogar en guerra.

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Sughra se abre camino em el segundo largo de Swan Slab Gully, el gran final del viaje.

Después de un día de precalentamiento en Swan Slab, nos dirigimos a terrenos más altos y al Daff Dome, donde nos esperan rutas más difíciles. Tuolumne Meadows es bellísima en verano y todas están felices de dejar atrás el calor. La corta aproximación desde el auto está marcada por montones de selfies. Desde la cara este del domo miramos hacia Fairview Dome al otro lado del camino y a Cathedral Peak a la distancia. Si las paredes que parecen torres del valle de Yosemite se sienten imponentes, Tuolumne es todo lo contrario: es un terreno abierto y extenso.

El miércoles dejamos las zapatillas de escalada a un lado y caminando hasta Dana Plateau. Seguimos el arroyo y nos detuvimos muchas veces para asombrarnos con las flores silvestres. Aquí es donde Sughra comenzó a contarnos sobre su odisea para salir de Afganistán. Caminamos hasta el borde de la meseta y nos paramos en la cumbre de Third Pillar, una popular ruta de escalada, y la pradera por la que caminábamos, de repente, desapareció. El precipicio es empinado y dramático, la vista del lago Mono es deslumbrante.

Haniya comienza con un poco de nervios el rapel de Swan Slab.

Jack está aquí esta semana para documentar el viaje que ayudó a organizar. Hoy, saca un haz bajo la manga o, mejor dicho, de su mochila. Luego de horas de caminata en altura, finalmente, hemos llegado al punto de cumbre, Jack ríe como niño mientras saca una cometa.

Inmediatamente se da cuenta de que una de las principales varillas se le ha perdido, pero pusimos nuestras habilidades YOSAR en acción para hacer otra con lo que fuera que tuviéramos a mano. Rápidamente, nos dimos a la tarea de buscar una rama lo suficientemente derecha y fuerte. Cosa que no es fácil en una meseta a 3.353 metros de altura sobre el nivel del mar, sin árboles a la vista, excepto los que hay a miles de metros más abajo. Pero encontramos algunos arbustos y pegamos con cinta adhesiva, lo mejor que pudimos, los delgados palitos en la cometa. Se veía ridícula, pero teníamos muchas ganas de probarla.

Jack le muestra a Rabia cómo ir soltando el hilo del carrete y le pasa la cometa a Sughra para que la lance. Aunque tenemos muchas esperanzas, nadie realmente espera que nuestra cometa a lo MacGyver realmente vuele. Pero cuando la lanzan al aire, para nuestro asombro, se eleva.

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El último día, nuestras cuatro cordadas toman caminos levemente distintos hasta la cumbre de Swan Slab y se reúnen en la cumbre. Para algunas, esta es la primera vez que escalan multilargos. Es una gran celebración de la semana. La roca está lo suficientemente caliente como para formar ampollas en las yemas de los dedos, pero las mujeres están enfocadas y determinadas. No importa lo calcinadas o transpiradas que estemos, ellas nunca dejan de sonreír. En la cumbre, cantan y bailan al ritmo de música pop afgana que ponen en los teléfonos y miramos el Half Dome y el valle más abajo. Aunque el humo del incendio de la semana anterior volverá esta noche, en este momento, el cielo está de un celeste profundo.

Al ver a todo el mundo reír y bailar pienso que este es, por lejos, el grupo más grande de mujeres con el que haya escalado. Mi experiencia en escalada todavía está ampliamente dominada por hombres y he pasado los últimos años documentando la historia de mujeres escaladoras en Yosemite, tratando de dar a conocer a las mujeres que estuvieron aquí antes que nosotras. Le cuento todo esto al equipo de Ascend. Les explico lo significativo que es para mí estar rodeada de tantas mujeres en un viaje orquestado y dirigido por mujeres. Pero luego me doy cuenta de que como ellas aprendieron a escalar con Ascend, sus experiencias de escalada han sido exclusivamente con mujeres. “La escalada es un deporte de mujeres”, dicen todas firmemente.

En 2018, cuando llegué por primera vez a YOSAR, imité el lenguaje corporal de los compañeros hombres. Aprendí a pararme con las piernas separadas, con los brazos cruzados en el pecho, evitando que la cara reflejara emociones. Llevé este machismo a todas partes. Por casi diez años mi escalada estuvo guiada, por lo menos en parte, por un deseo de probarme a mí misma. Dejé de hacer cosas que me parecían muy femeninas, como pintarme las uñas o usar joyas, de modo de parecer más un verdadero escalador, sin darme cuenta de que mi idea de una verdadero escalador era un hombre.

Para las escaladoras de Ascend, ser mujer significa varias cosas. Significa luchar por su educación. Significa tomar decisiones difíciles como elegir entre quedarse con sus familias o dejar su tierra natal.

También significa ser valiente y fuerte. Significa ser una escaladora.

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Rabia lanza una cometa en la cumbre del Dana Plateau. Darle forma a la cometa con ramitas y cinta, hace que el vuelo se sienta como un pequeño milagro. Sierra Nevada, California.

El último año y medio ha traído tiempos incomprensiblemente tumultuosos para las mujeres de Ascend. Aunque agradecen estar a salvo en Estados Unidos, extrañan sus hogares y lidian con lo que significa ser refugiadas. Algunas han comenzado la universidad, mientras otras todavía están en los complicados procesos de postulación. Algunas viven con sus familias, mientras otras están formando nuevas familias, como Raihana, Mansoor y Mina, que acaban de encontrar su propio departamento juntas en Raleigh. Todas esperan el siguiente paso en sus solicitudes de asilo. Llegaron a Estados Unidos con un débil estatus conocido como permiso humanitario de permanencia temporal, lo que hace que el futuro en Estados Unidos sea incierto.

Mientras Ascend intenta resolver cómo será su programa en Afganistán de ahora en adelante, Marina y su equipo no bajan los brazos. Están ampliándose hacia Pakistán, donde, luego de un viaje de una semana para conocer a las liderezas locales, organizadoras y escaladoras, decidieron que la misión de Ascend sería muy bien recibida.

Para Sughra, unirse a Ascend fue una pequeña decisión en ese momento. No había forma de que supiera que la escalada le ayudaría a escapar de los talibanes o que conectaría con una comunidad en California a más de once mil kilómetros de las montañas de su tierra. Jamás imaginó que ver granito le entregaría un poco de familiaridad en un país extranjero.

Este viaje sacó a relucir lo mejor de la comunidad escaladora, una comunidad que pasa cientos de horas tratando de ayudar a traer personas como las mujeres de Ascend a Yosemite. Esto significa donar pasajes de avión, arriendo de autos, implementos de camping y alimentos para que todo sea posible. Significa también estar ahí para repelar, llevar pesadas mochilas y conducir para las participantes. Significa compartir sus zonas de escalada favoritas, fuentes de agua “secretas” y santuarios naturales escondidos. Significa traer una cometa a la montaña y remendarla en grupo con palitos, solo por el gusto de verla volar.

Para Michelle, Merryn y Jack, este viaje nació de un simple deseo de conectar con otras escaladoras y hacerlas sentir bienvenidas. Para las mujeres afganas, como Haniya, ser escaladora le ha regalado una comunidad con la que conectar, a pesar de estar medio mundo lejos de casa. “Cuando estoy en comunidad, significa que no soy una desconocida”, me dice, “significa que no estoy sola”.

Perfil de Autor

Lauren DeLaunay Miller

Lauren’s first book, Valley of Giants: Stories from Women at the Heart of Yosemite Climbing, won the 2022 Banff Mountain Book Competition Climbing Literature Award. She attends the UC Berkeley Graduate School of Journalism and lives in Bishop, California, with her husband and rescue pup.