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Químicos permanentes

Beth Schiller / 5 min de lectura / Workwear

Esta historia se iba a tratar de una boyante granja orgánica en Maine liderada por una mujer, pero entonces apareció la noticia sobre los “químicos permanentes”.

Todas las fotos por Greta Rybus

El verano está recién comenzando en la granja Dandelion Spring, en Bowdoinham, Maine, donde los zapallos de invierno ya están sembrados y las plantas de tomate comienzan a desplegar sus primeras flores de forma prometedora. Para el 4 de julio, hemos sembrado nuestra independencia con zanahorias, betarragas y nabos que nos alimentarán, nutricional y financieramente, durante el invierno. Para comienzos de septiembre, comenzamos el proceso de cosechar los últimos tomates del invernadero y empezamos con el cultivo invernal de la espinaca más dulce que te puedas imaginar, delicadas cabezas de lechuga y a almacenar la energía solar.

Quizás Maine es conocida por su costa rocosa e inviernos largos, pero la agricultura continúa siendo parte fundamental de nuestra economía y forma de vida rural.

Aquí en la granja Dandelion Spring, somos parte de la Asociación de Jardineros y Granjeros Orgánicos de Maine (MOFGA, por sus siglas en inglés) y cultivamos frutas, verduras y hierbas orgánicas certificadas en tierras no cedidas Wabanaki. Estas casi tres hectáreas en la costa central fueron cultivadas de manera constante por última vez en la década de 1940, como un terreno familiar y pequeño huerto de manzanas. Hoy somos un grupo de 14 agricultores, con solo una persona que se identifica como hombre. En un año normal vendemos la mitad de nuestros productos a los mercados agrícolas y la otra mitad directamente a restaurantes y tiendas de alimentos naturales. Estamos en la tierra permanentemente, día y noche, bajo sol y lluvia, nos dedicamos a la tierra, a la comunidad y a una alimentación nutritiva para todos. Pero ahora, enfrentamos una amenaza siniestra para nuestro sustento y la salud de la ciudadanía.

Los largos inviernos en Maine le han mostrado a Beth la importancia de almacenar energía solar.

En la década de 1980, antes de ser propietaria de esta tierra, los agricultores podían utilizar fango en los campos. Muchos de nosotros pensamos en el fango como lodo muy compacto, pero esta versión de fango provenía de residuos generados en procesos industriales, comerciales o municipales, generalmente relacionados con el tratamiento de aguas servidas. Esta práctica común en todo el estado ayudaba a la agricultura a crear una fuente de nutrientes económicamente accesible para cultivar alimentos para el ganado. Lo que no se sabía era que el fango, en nuestro caso proveniente de la industria papelera de Maine, contenía químicos conocidos como sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS). Lamentablemente, las PFAS son lo que se conoce como “sustancias químicas permanentes”.

La Asociación de Jardineros y Agricultores Orgánicos de Maine indica que las PFAS “han sido ampliamente utilizadas desde la década de 1950 en productos que van desde el empaque de alimentos hasta los extintores de espuma. Las PFAS han sido reconocidas recientemente como contaminantes en la agricultura y se cree que se han infiltrado profundamente en la tierra mediante la aplicación de biosólidos, fango y ceniza industrial, que podrían contener estos compuestos difíciles de disolver… En este momento, no existe un límite federal para la contaminación por PFAS en los cultivos alimentarios y Maine solo tiene límites establecidos, recientemente, para la leche y el ganado”.

Existen más de 500 granjas y procesadores orgánicos en el estado que necesitarán determinar si fueron sometidos a estos químicos en sus tierras. Los resultados podrían ser nefastos. Granjas que eran prósperas solo hace un par de meses ahora están cerrando sus producciones por altos niveles de químicos tóxicos encontrados en sus pozos, estanques y suelos. Estamos aprendiendo muy rápido cómo las plantas y los animales absorben las PFAS y cómo impactan nuestros cuerpos. Algunas plantas parecen haber desarrollado su propio proceso natural de bloqueo contra estos químicos (manzanos) mientras otras absorben muchísimo (nuestras atesoradas lechugas). Aunque los límites todavía tienen que establecerse para las frutas y verduras, los agricultores ya están testeando los suministros de agua, suelos y sacando productos del mercado.

En enero de 2022, personal del Departamento de Protección Medioambiental de Maine vino a tomar muestras de agua de nuestra tierra. El test es tan sensible a estos químicos que el personal debía preocuparse de la ropa y las herramientas que usaban para no contaminar las muestras. Volverán el 3 de mayo para testear el suelo y no tendremos los resultados hasta julio. Estamos muy ansiosas mientras esperamos estos resultados que podrían impactar enormemente el futuro de nuestra granja.

Izquierda: La granja Dandelion Spring es parte de la Asociación de Jardineros y Agricultores Orgánicos de Maine, la organización más antigua y más grande de este tipo en los Estados Unidos y una “primicia” en el movimiento orgánico del país.

Derecha: Charlotte Ann Ferguson mezcla ensaladas previo al lavado. A Beth le gusta decir que Charlotte tiene una “visión de abeja reina” en las operaciones de lavado y empaque en Dandelion.

Como empleadora, he invertido para capacitar a quienes trabajan conmigo con las herramientas necesarias para que se conviertan en la próxima generación de granjeros de Maine y, algún día, sean dueños y dueñas de sus propias granjas productivas. Como muchos agricultores en este estado, me pregunto a diario cómo planificar el crecimiento de mi equipo y mi negocio mientras tenemos que estar preocupados de la contaminación de los suelos a largo plazo. En tanto esperamos los resultados de los tests, nos dedicamos a proteger la salud de la tierra y la gente a través de la producción de alimentos nutritivos.

La cultura agrícola y alimentaria en Maine es realmente bella y ya empezamos a trabajar en conjunto para crear fondos de recuperación y así ayudar a pagarles a los agricultores durante el periodo en que deban permanecer cerrados. Estamos hablando de programas de adquisición, de modo que los agricultores puedan comenzar de nuevo en otras tierras. Estamos aprendiendo cada día más sobre la mitigación y al mismo tiempo sabemos que estos químicos están acá para quedarse. Hay una salida para todo esto, pero es de todos modos muy dolorosa.

Estoy agradecida de mi comunidad agricultora por el apoyo mutuo que nos entregamos en estos tiempos difíciles. También estoy agradecida de la MOFGA, fundada en 1971 por un grupo de personas de gran corazón sentadas a la mesa de una cocina. Este grupo estaba, y sigue estando, dedicado a poner la salud de las personas y la tierra primero. Desde mi pequeño rincón de Maine, en la granja Dandelion Spring, te animo a aprender lo más que puedas sobre las PFAS, porque inevitablemente se transformarán en una preocupación en tu estado. Ya existen en nuestros alimentos y los productos que tocamos a diario, incluyendo toallas antiestáticas, bloqueadores solares, vasos desechables para líquidos calientes y platos de papel. Mientras más aprendamos juntos, mejor podremos apoyarnos.

Julia Michael, Kaitlin Thibeau y Beth trasplantan cebollines un caluroso día de agosto. “Es esa época del año en la que tenemos más maleza de la que quisiéramos”, cuenta Beth, “pero debemos seguir plantando”.

Perfil de autor

Beth Schiller

Beth pasa sus días cultivando en la costa central de Maine. Constantemente escribe observaciones y preguntas en libretas de bolsillo con la esperanza de poder descifrarlas después. Ama la integración entre la tierra, la comida y la comunidad y se esfuerza por usar un lenguaje que describa esta gran red