El arte de abrir huella con pieles

Leah Evans | 5 min de lectura | Snow, Sports

Nuestras historias quedan escritas en el rastro que dejamos en la nieve.

El arte de abrir huella con pieles

Cuando vas sobre la huella de las pieles tienes tiempo de sobra para pensar. Randonear es como meditar en movimiento: horas de ritmo constante que dejan a la mente vagar mientras el cuerpo sigue avanzando.

He pasado más de una década abriendo y siguiendo huellas de subida, lo que significa un montón de horas ponderando a la persona que dibujó la línea que voy recorriendo. Tal como una firma, cada huella en la nieve revela algo sobre quien la trazó y sobre su forma de moverse en la montaña. Están quienes abren con cierta duda y van corrigiendo la línea a cada rato. Están los que calculan cada diagonal con precisión quirúrgica. Y también los que simplemente optan por la vía más rápida hacia la cumbre, sin preocuparse por la eficiencia. Algunos adoptan un enfoque casi existencial, bailando con el terreno en lugar de simplemente ascenderlo. Cada fórmula cuenta una historia.

Mientras a más huellas me enfrentaba, más empecé a notar estilos y patrones compartidos. Comencé a pensar en esas montañas cubiertas de nieve como lienzos y en quienes abren esas huellas como artistas, con sus obras dibujadas sobre el paisaje como si fuera una gélida galería de arte.

Estos son algunos de esos artistas.

Una buena huella sobre la nieve puede significar más powder: un ángulo constante y diagonales largas hacen la subida más eficiente y guardan energía para otra bajada… o dos más.

“El ingeniero”

Probablemente el tipo de abridor más respetado. Usa la física y la lectura del terreno para decidir cada vuelta maría y cada diagonal dentro en virtud de un plan maestro. Muchas veces son guías o gente con mucha experiencia en terreno invernal y sus huellas consideran el relieve, la estabilidad de la nieve y la eficiencia. Aunque físicamente son capaces y pueden abrir un montón de senderos en la nieve, no desperdician energía en líneas torcidas o mal pensadas. Buscan que la huella dure (al menos hasta la próxima nevada).

“Mientras más puedas pensar la línea antes de trazarla, mejor quedará”, dice el guía de esquí de la ACMG Adam Zok. “Me gusta abrir huellas en lugares que suelen ser seguros, no solo durante el día en que estoy ahí. Si puedo ayudar a que alguien menos experimentado elija una línea más segura dentro de un par de semanas, mejor todavía”.

“El desafío mental es lo que más disfruto. Pocas cosas son tan entretenidas como encontrarte con terreno complicado y descubrir una manera simple de atravesarlo”.
—Adam Zok

Tim Haggerty al final de un día que comenzó con el crepúsculo en las montañas Monashee de la Columbia Británica. Foto: Ryan Creary

“El investigador”

Las huellas del investigador nacen de la curiosidad, por lo que su objetivo puede ser difícil de descifrar. A veces parecen creativas, otras, intencionalmente caóticas. Para ellos la huella es una forma de examinar el terreno, en busca de potenciales líneas de descenso o simplemente explorar el terreno y los límites de su propia habilidad. A menudo se meten y salen de otras huellas según convenga, siguen rastros de animales o cambian de rumbo si algo les llama la atención. Sus rodeos pueden desconcertar a quienes vienen detrás.

“Me gusta bromear diciendo que abro huella como si no quisiera llegar nunca, con líneas largas, suaves y serpenteantes”, dice Celine Lussier. “Pero también me gusta hacer movimientos acrobáticos y maniobras un poco más técnicas, así que a veces me decepciona cuando alguien deja las curvas demasiado fáciles”.

“Me encanta mirar las huellas de otros. Es como ver cómo funciona su cabeza. Me hace sentir un poco como una detective”.
—Celine Lussier

Una historia llena de garabatos y zigzags. Elise Boeuf y Kilian Echallier mantienen las cosas sencillas mientras randonean en el Valle de Albigna, en Suiza. Foto: Carlos Blanchard

Little Cottonwood Canyon, en las montañas Wasatch de Utah, no sufre de escases de terreno para esquiar. Sin embargo, su proximidad con Salt Lake City significa una feroz competencia por encontrar líneas frescas sobre el mando. Foto: Lee Cohen

“El esforzado”

A este abridor de huellas lo mueve la ansiedad por la nieve fresca. Sus diagonales empiezan en zigzag y de pronto se transforman en líneas rectas apuntando directo hacia arriba. En general, estos son los que necesitan llegar rápido a donde sea que vayan, ya sea al trabajo antes de que se haga tarde o a la cumbre antes que los demás para deleitarse con el powder sin huellas antes que las suyas. Su ascenso suele ser empinado, alto en ritmo cardiaco y dejar mojadas las primeras capas, haciendo enojar a quienes vienen detrás.

“Al final estamos acá para subir”, dice Brian Coles, bootfitter y carpintero que describe sus huellas como empinadas y sin concesiones. “Estás en la montaña, de camino a algo increíble, empujando tus límites y disfrutando junto a tus amigos. Paso a paso, esto te llena el alma”.

“Abrir huella tiene algo de euforia. Como llegar a una playa vacía y con olas perfectas”.
—Brian Coles

Saber escuchar al terreno no solo te entregará un ascenso eficiente, también creará líneas que complementan al paisaje en lugar de ser cicatrices. Forrest Shearer contempla los contornos mientras avanza sobre su splitboard cerca de Lake Tahoe, en California. Fhoto: Cole Barash

“El viajero espiritual”

Este abridor abraza el zen y vive la experiencia de crear sus líneas como un viaje intuitivo, uno que le permite bailar y deslizarse por los contornos del terreno. Escucha a la montaña y se entrega a lo que el paisaje le va indicando, profundizando su relación con la Madre Naturaleza y con su propia mente, cuerpo y espíritu. Randonear tiene tanto una dimensión mental como física, y se exige a sí mismo para entender mejor la diferencia entre ambas.

“Cuando ya hay una huella, la mente puede divagar libremente; pero cuando la abres en terreno complejo, en cambio, la atención debe afinarse a cada sutileza topográfica, siempre listos para hacer innumerables microajustes”, dice el fotógrafo y escritor Matthew Tufts. “Y aun así, cuando encuentras un flujo, un ritmo —cuando realmente estás bailando con el terreno— puedes recibir energía en reciprocidad desde la tierra. Es algo vigorizante, que agudiza los sentidos, te acerca a la tierra y alimenta el alma al mismo tiempo”.

“Abrir huella es una de las mejores maneras de conectarse con un lugar, porque te obliga a observar, escuchar y entender”.
—Mathew Tufts

La autora disfruta 1.500 metros de bajada en las profundidades de las Rocallosas canadienses. Foto: Steve Ogle

No todas las huellas nos van a gustar a todos, igual que no todas las pinturas nos dicen algo. Pero ese no es el punto. Salir a la montaña en invierno nos ofrece un espacio para encontrarnos con una versión más honesta de nosotros mismos, esa persona que usualmente escondemos bajo el ruido de lo cotidiano. Es como el espacio entre las palabras de una frase: un momento para respirar.

Aristóteles decía que “el objetivo del arte no es mostrar la apariencia de las cosas, sino su significado interior”. Como la química que sentimos en el amor, hay unas líneas que nos llaman más que otras. No se trata de juzgarlas, sino de entender y saber apreciar la intención que hay detrás.

Al final todas las huellas nos entregan los regalos de la montaña. Y cada una es tan efímera como es única. Pronto, una nueva tormenta las va a borrar, dejando el lienzo en blanco para la siguiente firma de un artista .

Perfil del Autor

Leah Evans

Embajadora de esquí de Patagonia. Cuando no está esquiando los montes cerca de su casa, dirigiendo sus sesiones de freeski para mujeres o compartiendo snacks en la huella de subida, probablemente esté bailando u observando los arboles de sus bosques locales.

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